viernes, 29 de julio de 2011

ESPERGESIA

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que soy malo, y no saben
del diciembre de ese enero.
Pues yo nací un día que Dios estuvo enfermo.

Hay un vacío
en mi aire metafísico
que nadie ha de palpar;
el claustro de un silencio
que habló a flor de fuego.

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hermano: escucha, escucha...
Bueno, y que no me vaya
sin llevar diciembres,
sin dejar eneros.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que mastico y no saben...
que en mi verso chirrían
oscuros sin sabores a féretro,
luyidos vientos,
desenroscados de la Esfinge
preguntona del desierto.

Todos saben... Y no saben
que la luz es tísica,
y la Sombra gorda...
Y no saben que el misterios sintetiza...
que él es la joroba
musical y triste que a distancia denuncia
el paso meridiano de las lindes a las Lindes.

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo,
grave.

César A. Vallejo M.

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